Las ciudades tienen muchos ruidos. Pero lo que te hace diferenciar a una de las demás es lo que oyes en tu cabeza. A veces tienes suerte y lo que suena es música. Y si eres más afortunado aún, serán canciones que te harán sentir bien.
En los ocho meses que estuve en Londres, dió tiempo a que se clavasen muchos sonidos en mi mente. Pero sólo éste me hizo sentir que toda la gente que me cruzaba por la calle me sonreía. Por eso empecé a sonreirles a todos, por si ellos también lo oían. No iba a ser yo la que les estropease la canción.
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