miércoles, 1 de julio de 2009

Desde un púlpito con sombra

Desde un púlpito con sombra, el tirano hablaba a un pueblo abrasado bajo el sol. Todos los presentes protegían sus cabezas con sombreros y pañuelos, con el único fin de cuidar sus pensamientos.

A media tarde, a la plaza llegaron dos hombres descubiertos y la multitud se volvió para observarlos. Tras unos minutos escuchando, el más alto se echó las manos a la boca y empezó a jalear al dictador. El pequeño se quedó mirando a su amigo con gesto de asombro, y tardaron poco en personarse las fuerzas de seguridad para llevarle preso.

Ninguno de los presentes se sorprendió. Todos sabían que no se puede salir de casa con las ideas al aire. En ciertos lugares, o te mojan los discursos, o te calan los que los vigilan.

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