jueves, 2 de julio de 2009

La economista y el marinero

Escarlata fue economista antes de ingresar en Santa Catalina y aún hoy devora las páginas salmón de los diarios. Con toda esa información, le explica a Paco cada mañana los principios del libre mercado y los factores que hacen subir el precio de las hortalizas. Mientras, él sólo piensa en que las berenjenas ya no saben como antes.

Desde que le quitaron la sal de las comidas, Paco se ha vuelto loco. O, al menos, eso cree él. Por recordar el olor de la mar, pasa tardes enteras hablando del puerto a la otra Escarlata, la que le escucha sin números en la cabeza tras la dosis del mediodía.

"Me tienes que hacer un plan de negocio para aumentar mis ganancias cuando vuelva al barco", se despide él cada atardecer, con la mirada en el jardín tapiado. Ella sonríe y le da las buenas noches con un beso salado, preparado furtivamente con el aliño de cena.

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