martes, 14 de julio de 2009

La dulce Fátima

Fátima trabaja en una barbería en Angel, siempre se pinta los labios de rojo vivo y sonríe casi constantemente. El día que nos contó por qué se fue de su país también sonreía, pero se podía leer en su voz que para ella era triste recordarlo.

No es muy mayor, pero aquella tarde se remontó a su época universitaria como si hablase de hace cientos de años. Nos explicó que en su clase había un chico con el que tenía algo especial. Recalcaba que su relación se basaba en hacerse rabiar mutuamente, pero los matices de la risa de Fátima no tenían secretos para nosotros, y sabíamos perfectamente a qué se refería. Sin embargo, nos sorprendió cuando confesó que se escaparon a celebrar la graduación juntos.

En su país, un chico y una chica no pueden ir a un hotel sin estar casados, asique decidieron alquilar un apartamento lejos de su ciudad, comprar mucho alcohol, y encerrarse juntos un fin de semana. Como era de esperar, con tantas cosas prohibidas entre cuatro paredes, quemaron la primera noche. El jolgorio que montaron fue tal, que en cuestión de horas se presentó la policía en su puerta y terminaron la velada en la cárcel. El denunciante fue su propio casero.

Su relato acabó ahí, con un "Entonces me dí cuenta de que no quería vivir en un lugar así". Tras esa excusa mal maquillada, todos entendimos que las cosas no fueron fáciles a partir de entonces para ella. Personalmente, sentí una terrible pena cuando oí esa frase. Pero, para ser sinceros, no lo lamentaba por esa chica. Realmente, sentí pena por ese país, Irán, que había perdido a una mujer tan pícara y fascinante como Fátima.

No hay comentarios:

Publicar un comentario